Mujeres rurales de Tarapacá, Ñuble y La Araucanía compartieron los secretos de su cocina tradicional
El foro, organizado por ONU Mujeres y la Subsecretaría de Turismo, con el apoyo de INDAP, buscaba fortalecer las redes de colaboración y promover el espíritu empresarial y el empoderamiento económico de las mujeres.
Con un taller de cocina intercultural al estilo de MasterChef –se acabó el tiempo, manos arriba, ¡a armar los platillos!–, 40 emprendedoras rurales e indígenas de Tarapacá, Ñuble y La Araucanía concluyeron con alegría su participación en el Foro “Mujeres que alimentan los territorios: encuentro de patrimonio alimentario, turismo gastronómico y empoderamiento económico”, llevado a cabo por ONU Mujeres, a través de sus programas Originarias y Comunidades Conectadas, y la Subsecretaría de Turismo, con el apoyo del Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).
La reunión, que congregó durante dos días a mujeres rurales e indígenas —la gran mayoría usuarias del INDAP—, entre ellas cocineras de renombre como Aurora Cayo y empresarias del turismo rural, así como académicas e invitadas de Canadá, Argentina y Guatemala, tuvo como objetivo intercambiar experiencias, voces y conocimientos sobre el patrimonio alimentario, la autonomía económica, la conservación de semillas y el desarrollo sostenible de las comunidades.
Para ONU Mujeres, estas acciones también buscan fortalecer las redes de colaboración, promover nuevas oportunidades para el emprendimiento y el empoderamiento económico de las mujeres, e incorporar una perspectiva de género en la planificación y gestión del turismo gastronómico.
La jornada final se desarrolló en un ambiente de entusiasmo y compañerismo en el restaurante Willi Mapu, ubicado en el mercado Persa Víctor Manuel, en el barrio Franklin. El chef, panadero y consultor peruano Andrés Ugaz dirigió la jornada, ofreciendo consejos y evaluando los platillos preparados por cinco grupos de mujeres. Churrascas, sopaipillas, chimichurri, ajo confitado, salsas y salteados con un toque innovador fueron algunas de las creaciones fruto de este esfuerzo colaborativo.
Posteriormente, cada grupo compartió qué debería comer alguien que visita su región por primera y única vez, así como qué lugares debería visitar y en qué época del año. Entre los platos mencionados se encontraban el asado de caballo con harina de maíz y piñones, la carapulcra aymara "levanta muertos" (un guiso de llama cocinado con piedras calientes), la salsa de algas cochayuyo, el guiso de pollo con pantrucas (un tipo de pasta), los buñuelos de erizo de mar con harina y las costillas de llama con jugo de membrillo.
Andrés Ugaz señaló que esta actividad buscaba crear un ambiente relajado y de confianza entre los participantes, permitiéndoles conectar y dialogar sobre su patrimonio alimentario, que puede convertirse en un elemento central de la gastronomía y un vínculo entre la agricultura familiar, la pesca y la recolección. La pregunta, afirmó, es qué acciones pueden emprender el gobierno, la sociedad civil, la academia y las agencias de cooperación técnica para transmitir estas tradiciones y conocimientos a las nuevas generaciones, garantizando la rentabilidad y el reconocimiento de este patrimonio cultural.
Respecto a los estudiantes a quienes asesoraba, comentó que era un reto porque provenían de diferentes entornos y tenían que trabajar juntos para cocinar. «En Perú, la cocina nos ha ayudado a generar cambios y es una herramienta eficaz para abordar otros problemas. El cambio climático, el género, el relevo generacional y la producción agrícola pueden discutirse de forma sencilla y concisa en la cocina; esa es la idea», explicó.
Yésica Huentén, propietaria de la empresa de turismo mapuche.
Respecto a este foro sobre patrimonio gastronómico, comentó que pudo compartir su historia personal, familiar y empresarial con otras mujeres rurales que buscan abrirse camino en el mundo. «Estos encuentros son inspiradores, ofrecen un gran aprendizaje y nos permiten reflexionar sobre lo que podemos aportar, a través de la innovación y la integración de nuestras comunidades, para que nuestros visitantes tengan una experiencia única y gratificante, y para que también tengamos algo que transmitir a las futuras generaciones».
Ruth Moscoso Mamani, cocinera tradicional aymara y propietaria del restaurante.
Con una participación en el Festival Ñam que la llenó de orgullo, afirmó que este foro “fue valioso para intercambiar sabores con otras hermanas y destacar el conocimiento y los productos de nuestros territorios. Detrás de cada plato hay historia y sabiduría, todo un todo”. Respecto a lo aprendido, comentó que al regresar a casa preparará chicharrones de llama, algo que no formaba parte de su repertorio y que se le ocurrió recientemente.




