Virgilio Martínez recibe el premio Andorra Taste Award 2026 por destacar la agrobiodiversidad de Perú
La gastronomía peruana vuelve a ocupar un lugar destacado en el panorama internacional gracias a la rica biodiversidad, los diversos ecosistemas y la abundancia de alimentos del Perú.
Más que un reconocimiento individual, el premio nos permite centrarnos en todo lo que existe detrás de un plato, desde la perspectiva de un chef que defiende y valora su territorio.
“Creamos ideas que luego puedes llevar contigo. Dentro de nuestro modelo, MIL es fundamental y ha sido transformador. Central está en Lima, una ciudad frente al mar, que cuenta con el restaurante de ceviche, el legado de Gastón y la fusión; pero las montañas me han enseñado que la naturaleza te conecta con el mundo y con la comunidad. Cuanto más nos conectamos con lo local, más nos conectamos con el mundo”, comentó Virgilio Martínez durante su presentación.
Como es bien sabido, el chef peruano creó un menú basado en los ecosistemas del Perú y sus diferentes altitudes. Además, es un impulsor clave del catálogo de tubérculos amazónicos y está familiarizado con conceptos como la agricultura circular, la resiliencia climática y las plantas medicinales.
Virgilio Martínez y sus proyectos relacionados con la sostenibilidad
En Perú, los ingredientes de los Andes, la Amazonía y la costa forman parte de un patrimonio gastronómico construido a lo largo de generaciones, gracias al conocimiento de agricultores, productores, comunidades y familias que mantienen vivas diferentes formas de cultivar, cosechar, conservar y preparar los alimentos.
Esta conexión con la tierra es uno de los pilares fundamentales del trabajo de Martínez y de Mater Iniciativa, el centro de investigación que dirige. El proyecto explora y documenta territorios, recursos, insumos y conocimientos para comprenderlos y valorarlos, vinculando la gastronomía con disciplinas como la ciencia, las artes y las humanidades.
Esta perspectiva también nos permite reconocer que la gastronomía forma parte de una cadena de valor mucho más amplia. Cada producto que llega a una mesa puede representar el trabajo de un agricultor, el conocimiento de una comunidad y la preservación de una variedad local.
En Cusco, por ejemplo, Mater trabaja con las comunidades campesinas de K'acllaraccay y Misminay de Mullaka en proyectos relacionados con la agricultura, la biodiversidad y el conocimiento etnobotánico.
De esta forma, la cocina se convierte en una herramienta para mostrar los alimentos que forman parte de la diversidad del país y, al mismo tiempo, generar nuevas oportunidades en torno a ellos. Para Virgilio Martínez, valorar los productos autóctonos, recuperar el saber tradicional y trabajar de cerca con quienes los producen contribuye a fortalecer una relación más consciente entre la alimentación, la tierra y la biodiversidad.




