20 de septiembre de 2026
· · Buscar
THE UNIVERSAL GASTRONOMY AUTHORITY
Diario de la cocina del mundo
¿Sigue siendo el glutamato un ingrediente controvertido?
Técnica
Por Claire Beaumont, la mesa de Técnica · Italia · 4 min ·

¿Sigue siendo el glutamato un ingrediente controvertido?

Si parte de tu tiempo diario frente a la pantalla incluye ver recetas de YouTubers o chefs en Instagram, es probable que el uso de MSG en la cocina no sea ni nuevo ni problemático: cuando se trata de recetas asiáticas, una pizca de ese polvo blanco —ahora conocido con apodos elegantes como "la cosa buena" o "yumyum"— extraído del omnipresente sobre de Ajinomoto es tan importante como el toque final para un plato como lo espolvorear queso parmesano para uno italiano.

Pero esta fuente de umami puro, cuyo nombre completo es glutamato monosódico y que se conoce mejor como MSG, ha estado en el centro de uno de los debates más complejos y acalorados entre la ciencia, la cultura y la percepción pública durante más de medio siglo, hasta el punto de ser considerada la causa de un síndrome: pero ¿cuál fue el motivo de esta desconfianza y qué dice la ciencia al respecto?

El “síndrome del restaurante chino”

La historia del glutamato monosódico (GMS) está plagada de controversias, con raíces en el pasado. Todo comenzó en 1968, cuando una carta enviada al New England Journal of Medicine desató una ola de desconfianza alimentaria que perdura hasta hoy. El remitente describió síntomas de debilidad, palpitaciones y entumecimiento tras comer en un restaurante chino. Sin una base científica sólida, nació el término «síndrome del restaurante chino», una denominación que hoy no solo se considera científicamente débil, sino también culturalmente ofensiva debido a su asociación prejuiciosa con la cocina asiática. Sin embargo, esa única historia bastó para sembrar una semilla de duda que crecería durante décadas.

Julia Mills, analista sénior de alimentos en Mintel, señala que el glutamato monosódico (GMS) aún arrastra un fuerte estigma social. Si bien las agencias de seguridad alimentaria de todo el mundo generalmente lo consideran seguro, la desconfianza del consumidor sigue siendo un obstáculo difícil de superar. Encuestas recientes indican que aproximadamente el 45 % de los consumidores en Estados Unidos evitan activamente el GMS. Curiosamente, esta desconfianza se extiende a lo largo de las generaciones, afectando al 50 % de los baby boomers y al 42 % de la Generación Z, lo que demuestra lo profundamente arraigado que está este temor en la conciencia colectiva a pesar del paso del tiempo.

Al observar el mapa global de los gustos culinarios, se aprecia un fascinante contraste entre Oriente y Occidente. Entre 2020 y 2024, el 28 % de los nuevos productos alimenticios lanzados en la región de Asia-Pacífico contenían glutamato monosódico (GMS), mientras que en Europa el porcentaje se situaba en un escaso 5 %. Esta discrepancia refleja no solo diferentes tradiciones culinarias, sino también diferentes percepciones del riesgo. Sin embargo, el GMS no es un invento ajeno a la química industrial; se encuentra de forma natural en muchos de los alimentos que consideramos básicos en nuestra dieta, como los tomates maduros y ciertos quesos curados, cuyo irresistible sabor salado se debe al glutamato natural.

En los últimos años, sin embargo, la ciencia ha comenzado a escribir un nuevo capítulo, intentando exonerar a este ingrediente de las acusaciones más graves. Ya en la década de 1990, la Federación de Sociedades Americanas de Biología Experimental (FASEB) aclaró que los síntomas reportados estaban vinculados casi exclusivamente a dosis masivas, generalmente superiores a tres gramos, consumidas a menudo con el estómago vacío. En la práctica, una porción típica de alimento que contiene glutamato monosódico (GMS) contiene menos de 0,5 gramos, una cantidad que el cuerpo humano tolera fácilmente en la gran mayoría de los casos. Estudios posteriores han explorado supuestos vínculos con el asma, la toxicidad y la inflamación, concluyendo que estos riesgos solo se manifiestan con ingestas desproporcionadas, muy alejadas de los hábitos alimenticios comunes.

Contrariamente a la creencia popular, el glutamato monosódico (GMS) podría incluso desempeñar un papel positivo en la salud pública moderna. Al contener solo un tercio del sodio presente en la sal de mesa común, representa una opción viable para reducir la ingesta total de sodio sin sacrificar el sabor. Sin embargo, es necesario tener precaución con un pequeño segmento de la población. Neha Srivastava, de Mintel, señala que, si bien el GMS suele ser inofensivo, los alimentos que lo contienen suelen ser ultraprocesados, ricos en grasas y con bajo valor nutricional. Además, algunas personas particularmente sensibles podrían experimentar dolores de cabeza o fatiga tras consumir grandes cantidades.

Hoy, la industria alimentaria se encuentra en una encrucijada interesante. Si bien muchos fabricantes están reformulando sus recetas, buscando alternativas que se perciben como más naturales, como condimentos de setas porcini o extractos de anchoa para evocar el umami, la ciencia sigue confirmando que el glutamato monosódico no es el culpable. El reto futuro será superar décadas de desinformación y prejuicios, redescubriendo un ingrediente que, usado con moderación y conciencia, puede enriquecer nuestra alimentación sin poner en riesgo nuestro bienestar.

Datos clave
  • Porcentajes: 45% · 50% · 42% · 28%
  • Cifras: 45% · 50% · 42% · 28%

Más Técnica