8 de septiembre de 2026
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Arròs del paraigüer, arroz catalán con bacalao y butifarra negra
Técnica
Por Amadou Cissé, la mesa de Técnica · hace 7 h · España · 3 min ·

Arròs del paraigüer, arroz catalán con bacalao y butifarra negra

300 g de bacalao desalado, preferiblemente un trozo grueso, limpio de piel y espinas.

Ingredientes · Porciones 4
  • 320 g de arroz de grano redondo, preferiblemente bomba o arroz de Pals
  • 300 g de bacalao desalado, mejor de una pieza gruesa, limpio de piel y espinas
  • 180 g de butifarra negra o butifarra del perol
  • 1 cebolla mediana, unos 150 g
  • 1 manojo de ajos tiernos, 6-8 unidades
  • 2 tomates maduros, unos 250 g
  • 150 g de setas de temporada o 180 g de espárragos trigueros
  • 1,2 litros de caldo suave de pescado o agua, más un poco extra por si hiciera falta
  • 50 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 ramita pequeña de romero o unas hojas de tomillo
  • Pimienta negra recién molida
  • Sal, solo si hace falta
Método · 50 min
  1. Si hemos comprado bacalao ya desalado, lo secamos y lo cortamos en trozos de 3-4 cm. Si partimos de una pieza salada, tendremos que desalar el bacalao con antelación. Una pieza gruesa puede necesitar entre 36 y 48 horas en agua fría, dentro de la nevera y con varios cambios de agua.
  2. Calentamos el caldo en un cazo y lo mantenemos a fuego suave. Podemos usar agua, como en las versiones más sencillas, pero un fumet o caldo de pescado casero poco concentrado da más fondo sin tapar la butifarra. El líquido debe entrar bien caliente en la cazuela.
  3. Picamos la cebolla y los ajos tiernos. Rallamos los tomates. En una cazuela ancha calentamos el aceite y pochamos la cebolla 8-10 minutos a fuego medio-bajo. Añadimos los ajos tiernos, cocinamos 2 minutos e incorporamos el tomate. Seguimos hasta tener un sofrito bien concentrado, sin agua visible.
  4. Añadimos las setas limpias y troceadas, o los espárragos cortados en trozos de 2-3 cm. Rehogamos 3-4 minutos. No buscamos cocinarlos del todo, solo que pierdan parte del agua y se impregnen del sofrito.
  5. Echamos el arroz y mezclamos durante un minuto. Vertemos unos 1,1 litros del caldo caliente y reservamos el resto. Llevamos a ebullición y cocemos a fuego medio unos 14-15 minutos, moviendo la cazuela de vez en cuando pero sin remover continuamente el arroz.
  6. Probamos el caldo antes de salar. El bacalao y la butifarra todavía van a aportar sabor. Si el arroz se queda demasiado seco, añadimos parte del caldo reservado, siempre caliente. Debe mantenerse jugoso durante la cocción.
  7. Cortamos la butifarra en rodajas gruesas y la incorporamos junto con el bacalao. Cocemos 3-4 minutos más, lo justo para que el pescado quede jugoso y la butifarra se caliente sin deshacerse. Añadimos pimienta y un poco de romero o tomillo.
  8. Apagamos cuando el grano está hecho pero todavía quede caldo alrededor. Probamos y corregimos de sal solo al final. Dejamos reposar 2-3 minutos y servimos. Durante ese descanso el arroz seguirá absorbiendo líquido, así que lo retiramos del fuego algo más caldoso de lo que queremos encontrar en el plato.

El arròs del paraigüer pertenece a las comarcas boscosas de Girona —sobre todo a La Selva y el Empordà— donde alimentaba a los hombres que pasaban días o temporadas enteras trabajando en el bosque. Es un arroz en cazuela, ni seco ni caldoso, que alcanza el punto que los cocineros catalanes llaman jugoso: el grano cocido pero aún flotando en un caldo ligeramente concentrado. El nombre se resiste a un origen claro. Una versión lo vincula con los paraigüeres, artesanos que tallaban varillas de paraguas y bastones en madera del bosque. Pero se dice que la misma cazuela era utilizada por carboneros, leñadores, corcheros y cazadores. Lo que los une no es un oficio, sino una condición: cocinar lejos del mercado, solo con lo que se podía transportar y conservar. Esa limitación dio forma a la receta. El bacalao salado, remojado durante 36 a 48 horas en agua fría con cambios regulares, proporciona el sabor profundo que el pescado fresco no puede replicar. La butifarra negra —una morcilla catalana sazonada con pimienta y especias cálidas— aporta grasa y hierro. Juntos forman una combinación proteica poco común en la cocina mediterránea arrocera, donde mar y tierra suelen servirse en platos separados. La técnica se basa en la secuenciación. En una cazuela ancha se coloca aceite de oliva, cebolla picada cocinada a fuego lento durante ocho a diez minutos, ajo tierno durante dos minutos más, y luego tomate rallado reducido hasta que no quede agua. Este sofrito, la base catalana, debe concentrarse antes de añadir cualquier otro ingrediente. A continuación, se añaden setas de temporada o espárragos silvestres, salteados el tiempo justo para que suelten su humedad y absorban el sabor base. El arroz de grano redondo —bomba o la variedad local Pals— se tuesta durante un minuto antes de verter caldo de pescado caliente en la cazuela, aproximadamente 1,1 litros por cada 320 gramos de grano, reservando un poco más. El arroz se cocina a fuego medio constante durante 14 a 15 minutos, agitando la cazuela de vez en cuando pero sin remover. Solo en los últimos tres o cuatro minutos se añaden el bacalao, cortado en trozos gruesos, y la butifarra en rodajas, calentándose sin deshacerse. La disciplina en el uso de la sal es más importante aquí que en la mayoría de los arroces. Tanto el bacalao como la salchicha tienen su propio condimento, y un caldo reducido durante la cocción concentrará aún más el sabor. La regla es probar antes de añadir nada y corregir solo al final. El plato no se conserva bien con el paso del tiempo. Recalentado, el arroz absorbe el caldo restante y el bacalao se endurece. Debe cocinarse y servirse de una sola vez, reposando fuera del fuego no más de dos o tres minutos mientras el grano termina de absorber el sabor. Lo que demuestra el arròs del paraigüer, con mayor claridad que la mayoría de las recetas regionales, es que la cocina de montaña catalana nunca se basó en la escasez por sí misma. Los trabajadores elegían el bacalao salado en lugar del fresco no por falta de opciones, sino porque la conservación era una técnica que permitía que el sabor llegara hasta la cima. El plato sigue funcionando con esa lógica: un sofrito elaborado con paciencia, un grano elegido por su capacidad de absorción y dos proteínas añadidas en el último momento posible para que cada una conserve su carácter. Eso no es cocina de pobreza. Eso es ingeniería. Prefiero esta respuesta Respuesta 2 Crear un titular preciso y evocador que capture la esencia del plato sin sobrecargarlo con elementos SEO. Omitir Prefiero esta respuesta

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