¡El secreto para un crumble de ricotta y chocolate que nunca se seca!
El crumble de ricotta y chispas de chocolate, suave y cremoso, es el postre dominical por excelencia: un clásico atemporal que evoca el aroma del hogar y la convivencia.
- Harina 00 300 gr
- Huevos 1
- Azúcar 150 g
- Mantequilla 110 g
- Levadura en polvo 8 g
- Cáscara de limón rallada. Preferiblemente orgánica, para un aroma fresco que equilibre el dulzor de la ricotta. 1
- Sal 1 pizca
- Ricotta 400 gr
- Azúcar 130 g
- Pepitas de chocolate 120 g
- Pepitas de chocolate 20 g
- Comienza preparando la masa en un bol grande: vierte la harina 00 y añade una pizca de sal, esencial para realzar todos los sabores del pastel. Ahora agrega la ralladura de limón (preferiblemente orgánico), el azúcar y el huevo entero. Estos ingredientes básicos le darán a tu masa su aroma y textura.
- Ahora, mezcla el polvo de hornear con la mantequilla fría del refrigerador. Comienza a trabajar la mezcla rápidamente con las yemas de los dedos: la clave es no calentar demasiado la grasa para obtener migas gruesas. Una vez terminada, reserva la masa. Ahora prepara el relleno: en otro recipiente, coloca la ricotta (bien escurrida) y agrega el azúcar. Esto formará la base del centro cremoso de tu crumble.
- Tritura la ricotta y el azúcar con un tenedor y mezcla bien hasta obtener una consistencia suave y sin grumos. Ahora añade las chispas de chocolate y vuelve a mezclar para distribuirlas uniformemente en el relleno: así conseguirás un sabor delicioso en cada porción. Coge un molde desmontable de 22 cm, previamente engrasado y forrado con papel de horno, y vierte aproximadamente la mitad de la mezcla desmenuzada. Presiona el fondo con los dedos o con el dorso de una cuchara, intentando crear un borde de aproximadamente 1 cm a los lados. Por último, vierte todo el relleno de ricotta recién preparado en el molde.
- Extiende el relleno de ricotta con el dorso de una cuchara y cubre toda la superficie con la masa restante, distribuyendo uniformemente las migas de masa quebrada. Hornea en un horno precalentado a 180 °C (350 °F) durante unos 35 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente al tacto. Una vez horneado, deja enfriar el pastel completamente a temperatura ambiente. Desmolda con cuidado y refrigera durante 2 horas: este paso es esencial para que la crema de ricotta quede suave y firme. Antes de servir tu crumble de ricotta y chocolate, espolvorea unas pepitas de chocolate por encima para darle un toque final aún más delicioso y tentador.
El secreto de este pastel de ricotta con crumble reside en el equilibrio perfecto entre una corteza crujiente y un relleno suave y cremoso. Si te gustan las texturas contrastantes, también te encantará nuestro pastel de Nutella y pistacho con crumble o la versión más fresca y primaveral: el pastel de fresa con crumble.
Preparar esta suave sbrisolona de ricotta es increíblemente sencillo: no necesitas batidora ni utensilios complicados; solo tus manos y unos minutos para conseguir la textura quebrada típica. Si prefieres postres que celebren esta combinación de sabores, no te pierdas nuestra mousse de ricotta y chocolate.
A diferencia de la clásica sbrisolona de Mantua, que es más seca y crujiente, esta receta se centra en la humedad del relleno, como una tarta cremosa de Nutella. ¡Sigue nuestros pasos para obtener resultados perfectos a la primera!
Dosis e ingredientes
- Dificultad muy baja
- Coste muy bajo
- Balanza / Papel de horno / Bol grande / Tenedor / Rallador de agujeros finos / Molde desmontable de 22 cm.




