27 de septiembre de 2026
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Por qué deberías leerles a tus hijos el libro “Kitchen Confidential” de Anthony Bourdain
La Mesa
Por Helen Ashworth, The Canon desk · Estados Unidos · 3 min ·

Por qué deberías leerles a tus hijos el libro “Kitchen Confidential” de Anthony Bourdain

Cuando el chef James Mark, antiguo jefe de cocina de los restaurantes North y Big King de Providence, les dijo a sus padres que quería ser chef, su padre se sintió consternado. Habiendo crecido en el mundo de la restauración, deseaba una vida diferente para su hijo.

“Soy mitad china, mitad polaca y mitad irlandesa. Mi familia tenía cuatro restaurantes en el Barrio Chino de Nueva York cuando era pequeña, e íbamos allí los fines de semana a comer dim sum. Pero no lo entendía del todo. Era muy quisquillosa con la comida. Tenía 10 años. ¡Quería hamburguesas! Me sentaban y me daban un tenedor y un plato de arroz pegajoso, que sabían que me gustaba.”

Cuando cumplí doce años, expresé mi interés por trabajar en la industria alimentaria. Mi padre odiaba los restaurantes porque de niño lo habían obligado a trabajar en uno, y quería que yo fuera médico o abogado. Para alejarme de ese estilo de vida, me regaló un ejemplar de Kitchen Confidential. Lo leí y me enamoré por completo del libro, justo lo contrario de lo que mi padre deseaba.

Recuerdo haber leído de niño en Francia la historia de Anthony Bourdain, y cómo sus padres lo hicieron esperar en el coche porque no querían llevarlo a un restaurante elegante. Vi un paralelismo en mi propia vida: me di cuenta de que la gente a mi alrededor me ignoraba, me daba un tenedor y un plato de arroz pegajoso, y luego me dejaba solo el resto del día mientras ellos comían un montón de comida deliciosa. Mi familia me consideraba culturalmente atrasado porque no apreciaba la comida de mi propia gente.

La primera vez que salimos a comer dim sum después de leer el libro, me senté y pedí palillos. Mi familia no estaba acostumbrada a que pidiera por mi cuenta, pero cuando empezaron a pasar los carritos de dim sum, comencé a señalar las cosas. Elegí las más extrañas, cosas que ni siquiera mi padre comía. Y al hacerlo, me di cuenta de cuánto me encantaba esa comida y esos sabores, y de que me los había estado perdiendo todo este tiempo. Cambió mi perspectiva sobre la comida y me ayudó a definir lo que quería hacer con mi vida.

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