Andrés Marín, nutricionista: “La pasta rellena es un ejemplo clásico de alimento ultraprocesado con calorías vacías”
Es la solución fácil cuando llegas tarde a casa o no te apetece cocinar. Una lata de tomates, un paquete de pasta y la cena está lista. Pero, ¿alguna vez te has parado a leer qué hay realmente dentro del paquete? Lo más probable es que no.
El nutricionista Andrés Marín ha revolucionado las redes sociales con un análisis que desmiente los mitos sobre la pasta en el supermercado. No se trata solo de calorías, sino de densidad nutricional y de cómo los macarrones afectan la saciedad y los picos de azúcar en sangre.
La "oveja negra" del pasillo: el engaño de la pasta rellena
Si eres de los que echan tortellini de carne o raviolis de queso al carrito de la compra pensando que son una comida completa, tenemos malas noticias. En la clasificación de Marín, la pasta rellena ocupa el último y peor puesto. ¿La razón? Es, técnicamente, un ejemplo clásico de comida ultraprocesada.
La pasta rellena es la opción menos interesante para tu salud: aporta calorías vacías y una densidad nutricional prácticamente nula.
A diferencia de la pasta seca convencional, estas versiones frescas o rellenas ocultan una larga lista de ingredientes indeseables. El experto señala la presencia de margarina, aceites vegetales de baja calidad y un exceso de sal que provoca retención de líquidos. Para colmo, el relleno suele ser carne procesada de dudosa procedencia.
El mito de la pasta de colores
¿Crees que al comprar pasta "vegetal" (la verde y la naranja) comes más verduras? Lamento decirte que es pura estrategia de marketing. Marín equipara la pasta blanca, la pasta al huevo y la pasta vegetal en la misma categoría de mediocridad.
Todos se elaboran a partir de trigo refinado. Si bien su apariencia puede variar, las cifras no mienten: aproximadamente 13 gramos de proteína y apenas 4 gramos de fibra por cada 100 gramos. Al estar desprovistos de salvado y germen, tienen un alto índice glucémico, lo que significa que volverás a tener hambre a los pocos minutos de terminar tu plato.
De la plata al bronce: opciones que merecen la pena
Si no quieres renunciar a los cereales, la nutricionista sugiere optar por el trigo sarraceno. Esta opción ocupa el tercer lugar gracias a su riqueza en minerales esenciales como hierro, zinc y magnesio. Su mayor ventaja es que ayuda a regular el azúcar en sangre, lo que la convierte en una alternativa mucho más inteligente para obtener energía a diario.
Sin embargo, la medalla de plata se la lleva un clásico olvidado: la pasta integral. Al conservar el grano entero, aporta dosis adicionales de vitaminas del grupo B y manganeso. Pero lo que realmente importa es su poder saciante. La fibra extra ralentiza la digestión, así que no tendrás que asaltar la nevera una hora después de comer.
El ganador indiscutible: la pasta de legumbres.
Si quieres optimizar tu nutrición, la pasta de legumbres (lentejas rojas, garbanzos o guisantes) es la mejor opción. Es el "superalimento" que deberías empezar a usar en tus ensaladas o platos calientes.
Sus cifras son insuperables: aporta el doble de proteínas que la pasta tradicional y una cantidad significativamente mayor de fibra. Es la opción perfecta para quienes buscan ganar masa muscular, perder grasa o simplemente mantener un control glucémico óptimo. Además, conserva todos los micronutrientes de la legumbre original.
Consejo de experto: Si te resulta difícil acostumbrarte al sabor de la pasta de legumbres, mézclala primero con pasta integral para que tu paladar se familiarice.
La elección inteligente en el supermercado
La próxima vez que estés frente al estante del supermercado, recuerda las palabras de Andrés Marín. No te dejes llevar por el color del paquete ni por la sensación del relleno. Priorizar la saciedad y la fibra no solo mejorará tu salud digestiva, sino que también evitará esos bajones de energía a media tarde que pueden arruinarnos el día.
Cambiar la pasta blanca por pasta de lentejas es probablemente el cambio más sencillo y con mayor impacto que puedes hacer hoy en tu cocina. ¿Estás listo para dejar de comer "ladrillos" de harina refinada?




