El bar como medicina
¿Se imaginan a un médico recetando "ir al bar" en lugar de pastillas? Eso es lo que hicieron en la localidad catalana de Sant Joan de Vilatorrada con cincuenta residentes de entre 40 y 90 años que presentaban síntomas de depresión u otros trastornos asociados a la soledad.
La idea surge de la Fundación Alicia, que la ha bautizado como proyecto SALSA (Salud, Alimentación y Sociabilidad), y fue presentada hace unos días en el escenario Dreams de Madrid Fusión. «Muchas personas mayores acuden a la clínica para hablar con alguien; si sustituimos esa visita al médico por salir a comer, se abren nuevas vías de socialización y contribuimos a crear nuevas redes para aliviar la soledad», explicó la enfermera e investigadora Anna Ramírez en una mesa redonda en la que también participaron el antropólogo y presidente de la Fundación Restaurantes Sostenibles, Sergio Gil, y el secretario general de Hospitality Spain, Emilio Gallego.
La conversación también abordó el papel que desempeña un bar con las luces encendidas en el bienestar de las comunidades, especialmente en zonas rurales o en las afueras de las ciudades. Sirve como punto de encuentro, centro de servicios públicos o incluso ágora política, como explicó Sergio Gil al relatar la experiencia de un pueblo del norte de Castellón donde, tras el cierre del último bar, los vecinos se vieron envueltos en un conflicto que asfixió la convivencia. «Si esta ágora, que en la práctica es el bar, no existe, ¿existe una comunidad?», preguntó el antropólogo.
Tanto es así que, en casos muy específicos donde su supervivencia aporta claros beneficios a la comunidad, algunas administraciones equiparan a las empresas rurales con las ONG a efectos fiscales. Parece una idea descabellada, pero pensándolo bien, sería más barato que atiborrar a los pacientes de pastillas.




