
Estos libros de cocina exploran la relación entre la cocina consciente y el autocuidado
El primer libro de cocina que escribí fue con Naomi Pomeroy, una chef autodidacta cuyos platos de inspiración francesa eran tan elegantes que uno juraría que se formó con el mismísimo Paul Bocuse. "Sabor y técnica" se centra en las instrucciones, pero su lección más valiosa se encuentra en la introducción: cocinar debe…
Naomi transmite este mensaje con un fervor casi evangélico, insistiendo en que la actitud es fundamental. Si entras a la cocina de mal humor, lo más probable es que tu comida refleje esa misma actitud.
Nuestro libro tiene casi diez años, pero últimamente he estado pensando mucho en eso, en parte porque Naomi falleció el año pasado y en parte porque me ha costado mucho mantener la alegría. Cada día, las noticias me destrozan.
Me siento ansiosa, enfadada y agotada, a menudo todo a la vez. En momentos como estos, cocinar —que antes me reconfortaba— puede convertirse en una carga más.
No estoy sola. Varios autores de libros de cocina de renombre, con nuevos lanzamientos, escriben con franqueza sobre cómo la depresión mermó su deseo de cocinar y sobre el largo camino que recorrieron para recuperar la felicidad en la cocina.
Tamar Adler, autora de *An Everlasting Meal*, presenta su nuevo libro, *Feast On Your Life*. Más que un libro de cocina, es, como ella misma lo describe, un "devocional diario" que narra sus experiencias culinarias a lo largo de un año. (Esta técnica también la emplea, de forma conmovedora, el autor británico de libros de cocina Nigel Slater en su influyente libro de 2013, *Notes From the Larder*).
En la introducción, Adler recuerda un reciente episodio de «depresión paralizante», pero encuentra un consuelo inesperado al documentar los placeres cotidianos. Escribe con cariño sobre tostadas con canela, frijoles cocidos a fuego lento y «salchichas exquisitas»: pequeños placeres que la ayudaron a mitigar el dolor de las consecuencias electorales, las guerras lejanas y su propia tristeza.
Bajo la elegante prosa de Adler resuena su angustia mientras se esfuerza por disfrutar cocinando incluso las comidas más sencillas. Quizás no sorprenda que Adler sea amiga de Samin Nosrat, su homóloga espiritual de la Costa Oeste y autora de Salt, Fat, Acid, Heat. Nosrat acaba de publicar un libro de cocina, Good Things, en el que también habla de una prolongada «agitación y melancolía». Para sobrellevarlo, se pregunta qué constituye una buena vida y concluye que la respuesta implica tiempo y atención, para lo cual la cocina es un medio.
En Good Things, Nosrat cambia el perfeccionismo propio de un restaurante por recetas que priorizan el tiempo con su familia elegida. No se trata de trucos para ahorrar tiempo: su sopa de pollo dorada y su focaccia "eterna" se centran en disfrutar del proceso de cocinar, dejando al lector con energía para saborear el fruto de su trabajo con sus seres queridos. El enfoque de Nosrat también me recuerda al libro de Ruby Tandoh de 2021, Cook As You Are, repleto de recetas asequibles y accesibles, basadas en las limitaciones de tiempo y presupuesto de la vida real.
Pero en el último capítulo, «Por amor al arte», Tandoh propone platos más elaborados y con mayor profundidad, como pierogi con queso casero y roti canai hojaldrado, que «te brindan la oportunidad de conectar —mente y cuerpo— con tu propia vida». Estos platos no son complicados, pero sí requieren tiempo y atención. Estas lecciones pueden parecer más urgentes hoy que nunca, pero no son nuevas: durante generaciones, los autores de libros de cocina nos han instado a bajar el ritmo, cocinar con intención y encontrar significado en el acto cotidiano de preparar una comida.
Cuando se hace con esmero, cocinar sigue siendo una de las formas más poderosas que tenemos para revitalizarnos y resistir el caos que nos rodea.



