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Tu aversión a comer insectos puede tener 9.000 años de antigüedad
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Tu aversión a comer insectos puede tener 9.000 años de antigüedad

Dientes antiguos y ADN humano están revelando una sorprendente historia de consumo de insectos. - Dientes antiguos y ADN humano están revelando una sorprendente historia de consumo de insectos. Los humanos modernos en el norte de Eurasia parecen haber comido insectos solo ocasionalmente, mientras que los neandertales p…

Por Wellbeing Editors · 27 Aug 2026 · España · 4 min ·

Dientes antiguos y ADN humano revelan una sorprendente historia de consumo de insectos. Los humanos modernos del norte de Eurasia parecen haber consumido insectos solo ocasionalmente, mientras que los neandertales podrían haberlos consumido con mucha más frecuencia. Además, las poblaciones cercanas a los trópicos conservaron genes que facilitan la digestión de los exoesqueletos de los insectos.

Un total de 1611 especies de insectos se clasifican como comestibles, y organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han destacado a los insectos como una fuente de alimento potencialmente sostenible. Aun así, muchas sociedades occidentales siguen mostrándose muy reacias a la entomofagia, es decir, al consumo de insectos, a pesar de que cientos de millones de personas en todo el mundo ya los incluyen en su dieta.

Investigadores del Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro conjunto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), han utilizado evidencia genómica para reconstruir patrones de consumo de insectos que se remontan a miles de años. Sus resultados, publicados en Science Advances, indican que el consumo de insectos era probablemente ocasional y accidental en Europa, Asia Central y Oriental, mientras que parece haber sido más común en regiones tropicales y entre los neandertales. Para buscar indicios directos del consumo de insectos, los investigadores del IBE examinaron 745 muestras de cálculo dental (sarro) de humanos anatómicamente modernos que datan de hace hasta 33.000 años.

Ese patrón genético se ha mantenido durante aproximadamente 9.000 años, desde el surgimiento de la agricultura. "La escasa presencia de insectos en la dieta de los euroasiáticos del norte sugiere que la ausencia de entomofagia no se debe únicamente a factores culturales recientes, sino también a una larga historia ecológica y evolutiva", afirma Pablo Librado, investigador principal del IBE que dirigió la investigación.

Aunque habitaban muchos de los mismos entornos que los humanos anatómicamente modernos, su sarro dental contenía una cantidad considerablemente mayor de ADN de insectos. Entre los rastros genéticos más comunes en el sarro neandertal se encontraban restos de dípteros, el grupo de insectos que incluye moscas y mosquitos.

La fuerte presencia de restos de mosquitos también respalda la idea de que los cadáveres de presas a veces se almacenaban en estanques o ambientes pantanosos, donde los mosquitos habrían depositado sus huevos. Los genes de quitinasa neandertales parecen haber favorecido una digestión de insectos más eficiente, un patrón que también se detectó en el único espécimen denisovano incluido en el análisis. Las poblaciones tropicales conservaron genes de digestión de insectos Los investigadores también estudiaron los genes involucrados en la digestión de la quitina que se encuentra en los exoesqueletos de los insectos.

En muestras tanto antiguas como modernas, las poblaciones que vivían más cerca de las regiones tropicales tenían más probabilidades de portar variantes genéticas asociadas con una mayor expresión de estas enzimas. En los trópicos, hay una mayor disponibilidad de insectos sociales, como termitas y langostas: su biomasa y diversidad permiten una explotación sostenible durante todo el año, lo que incluso contribuye al control de plagas", explica Manuel Piñero, investigador predoctoral del IBE y primer autor del artículo. Este patrón geográfico se ha mantenido durante al menos 9000 años y parece reflejar el abandono gradual del consumo de insectos entre las poblaciones europeas.

«Más allá de los factores culturales o religiosos, nuestros resultados sugieren que la menor disponibilidad de insectos en zonas no tropicales pudo haber sido un factor clave en el abandono de la entomofagia, lo que conllevó una menor capacidad para digerir los exoesqueletos de los insectos», comenta Librado. El procesamiento industrial permite aprovechar los beneficios nutricionales de los insectos sin que las personas tengan que digerir directamente tanta quitina de sus exoesqueletos. Los investigadores utilizan especies recientemente aprobadas para el consumo humano como modelos y comparan los genomas de insectos criados en granjas con los de individuos predomesticados conservados en colecciones entomológicas.

"Investigamos la evolución de la domesticación en los animales, lo que también nos proporciona información para mejorar el aprovechamiento de los insectos para el consumo, tanto como alimento para animales como para el consumo humano", concluye Librado.

Datos clave
  • Quien: Pablo Librado

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